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RE-MOVER

  • 19 nov 2023
  • 4 min de lectura

Esto empezaba con “Domingo, día incomodo si los hay” hasta que me di cuenta que era sábado.

No sé porque pareciera que los días tienen personalidad. Un sábado vivido como Domingo. No sé si es un desperdicio o una ventaja; ventaja por saber que mañana podes disfrutar un sábado sin la presión de que sea domingo y desventaja por tener, no solo uno, sino, dos domingos en la semana.

El tema es que di vueltas todos los días. Fueron días de mucha ansiedad. Muchísimas cosas en la cabeza que no me permitieron estar presente. A veces siento que hace muchos años no estoy presente y me pregunto: ¿Qué es en realidad estar presente? ¿Quién lo está?

Mi casa me volvió a recibir a causa de la pandemia. Antes todo parecía estar encaminado: me pagaban por cantar para el turismo, tenía alumnos de manera presencial, vivía con una amiga en una casa que nos gustaba mucho, podía pagarla, tenia planes de viajar y de seguir estudiando todo lo que me gusta. ¡Pero, como decimos ahora…Pum! ¡Pandemia!

Y todo se desordeno (o volvió a su lugar).

En mi caso, físicamente, volví a mi casa de cuando era chica. Al principio, iba a ser por un tiempo, y después la pandemia hizo que no solo yo me quede, sino que venga mi papá.

¡Y pum! ¡Dejavu!

Esta situación ya la viví. Ya estuve acá, con mi familia entera, y después sola con mi papá. Había sido de vuelta de un fracaso y ahora la sensación es extraña. No estaba en mis manos la pandemia (ni en las de nadie, supongo). Todo venia bien pero aun así no haber podido seguir con mi vida, de a ratos, parecía un fracaso. Lo que agradecí fue tener donde volver. Pero de todas maneras es extraño.

Me persiguen los recuerdos por la casa. Pero la casa no es la misma (o quizás siempre fue igual) y definitivamente yo no soy la misma.

Me fui a los 18 y tengo 31. Claramente, pasaron muchas cosas en el medio y sobre todo con personalidades como la mía y un sol en Capricornio, una luna en Tauro y un ascendente en Géminis. Es decir; un combo explosivo.

El asunto es que hoy, no es domingo. Es sábado, pero yo tenía ese pesar extraño en el cuerpo, esa ansiedad, esa inquietud de tener la necesidad de no hacer nada, pero al mismo tiempo sentir que algo tenia que hacer.

Me rehusé todo el día a no hacer nada, a quedarme mirando el cielo y nada más. A escuchar música sin mas que escuchar, a leer algo para dejarme llevar. Me rehusé. No quise quedarme quieta. Me hace sentir culpable (quizás una bio decodificación diría muchas cosas de la ultima frase), pero el tema es que hoy no podía quedarme quieta más allá de las ganas que tenia de hacerlo.

Me tire al pasto a meditar con auriculares y mientras la vocecita me decía: - pone tus pensamientos en hojas sobre el agua y déjalos ir - yo estaba pensando en salir a comer un helado. No por las ganas de comer helado específicamente, sino porque era una actividad que requería un movimiento mayor al de ir a buscar los auriculares y tirarme al pasto.

Me levanté decidida y me fui caminando escuchando música hasta la heladería. Hasta que llegue me seguía sintiendo extraña, porque sentía que me estaba obligado a mí misma a hacer esto, pero en mi cabeza repetía: El movimiento llama al movimiento (frase que vengo usando mucho y en la que creo fielmente). Y de repente, en la heladería veo un folleto de “Feria Americana” que era a muy pocas cuadras de ahí.

¡Listo! ¡Me cambio la tarde, todo tuvo sentido! Me felicite internamente por haber tomado la decisión de salir! No entiendo porque extraña razón las ferias americanas me generan una emoción y alegría tan grande. Estar ahí, revolver las cajas, pasar percha por percha, pensar en quien uso esa prenda y pensando en si esa persona alguna vez imaginaria que alguien como yo, podría darle un nuevo sentido. (Géminis en una feria americana)

El heladero me pregunto si el ¼ era para llevar, le dije que sí, y pregunta - ¿te doy una cucharita? - y primero le dije que no. Pero después de haber visto el folleto, ya tenia un plan asique cambie de opinión y fui caminando muy lento, comiendo el helado, hasta la feria.

Recorrí mi barrio como si fuese esa nena a la que no dejaban alejarse más de una cuadra, donde pudieran verla, y que ahora, era libre, no solo de alejarse más, sino de encima, ¡comprarse un helado y comerlo sola! ¡Una fiesta!

En la feria no me compre nada, pero volví con el pensamiento reafirmado de saber que, los días tienen la esencia que nosotros le pongamos. Un martes puede sentirse sábado y un domingo, miércoles. El barrio puede ser aburrido, hasta que una feria americana lo convierte en una aventura. La diferencia, está en nosotros. Parece una obviedad y muy fácil de escribir, pero llevarlo a cabo, es toda una responsabilidad.

Finalmente, volví del paseo, vinea mi habitación, mire por la ventana y vi la “la hora azul”, ese momento entre las 19 y las 20 en que el cielo tiene tres colores y siempre digo que es el horario exacto para abrir una cerveza, pero esta vez, decidí escribir (Por fin!)

¡Eso era lo que tenía que hacer! ¡Escribir! ¡Y mientras lo escribo me doy cuenta!

Pronto empieza el viaje que espero hace un año, y que Pum! ¡Pandemia!, no pude hacer. Siento la necesidad de relatarlo(melo) y como la ansiedad me esta nublando la vista, decidí empezar a viajar hoy, a esta hora, desde mi habitación, como cuando era chica, en esta misma casa. Habitación donde escribí mi primer diario; lugar donde jugaba a mirar atrás del espejo a ver hasta donde llegaba el reflejo, lugar donde me miraba fijo a la pupila de los ojos y me pedía por favor, no crecer y mucho menos, ser parte de la rueda que no para de girar y nosotros, arriba sin darnos cuenta, seguimos corriendo para que así sea. Espejo que hoy ya no esta exactamente en el mismo lugar, pero se traslado a cada pared que me refleja quien fui y me pregunta quien quiero ser.


2021

- Me saqué esta foto tirada en el mat antes de salir buscar el helado -


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