top of page

DÍA 9 · ENAMORAMIENTO

  • 23 nov 2023
  • 4 min de lectura

Consigna: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste

Hay amores que son a primera vista y otros a décima. Buscá ese día en tu cabeza y tratá de revivirlo. ¿Dónde estabas? ¿Por qué estabas ahí? ¿Cómo era el clima? ¿Era de día o de noche? ¿Cómo fue que se cruzaron? ¿Cuál fue el primer pensamiento que tuviste? ¿Qué te dijo? ¿Qué le dijiste? ¿Qué fue lo que te llamó la atención? ¿Qué pasaba a tu alrededor? ¿Cómo estaban vestidos? Como dije en otro ejercicio, la escritura sirve para guardar momentos en cajitas, así que condensá ese primer encuentro y describilo lo mejor que puedas, como si quisieras mantenerlo en el presente para siempre.


Vuelvo a respirar hondo.

Me atrasé un día con la escritura. Intento no mirar la consigna del día siguiente para no pensar demasiado. Solo abro el archivo, miro la consigna y empiezo a escribir. Si la miro antes siento que voy buscando comienzos, cosas que quiero decir al respecto y me condiciono. De esta manera sale lo primero que viene.

Pero haberme retrasado hizo que en vez de escribir a la noche, hoy me levante, me ponga mi querida pavita, prepare el mate, me ría un rato con un programa de radio y me siente a escribir.

Pero… pum! Leí la consigna y todo se movió.

No sé si quiero hacerla. No sé si quiero revivir algunos momentos. ¿Será porque todavía duelen? Puede ser. No hay mucha ciencia en ese pensamiento. Pero me repito que cada uno es creador de su propia realidad y mi frase con fibron negro en mi agenda hecha por mi misma (que otro día los invitaré a ese mundo que me esta haciendo tan bien) es

“ No hay sentimiento sin un pensamiento previo” , entones lo desarmo y voy hacia atrás y me digo: Puedo pensarlo de otra manera para tener otra emoción al respecto.

Y claro que ahora duele, pero en algún momento no dolió, por el contrario, fue alimento de mi risa, de mi bienestar, de mis mejores recuerdos. Fue motor de un día a día esperanzado y con ganas de planear. Estuvo bien.

Quiero saltear un enamoramiento y pasar a otro más antiguo, pero no hay manera. Siento que desaprovecho la oportunidad de transformarlo.

¿Cómo es posible que en un momento, como ahora, veamos al enamoramiento como algo negativo? Si pudiéramos simplemente entender que es un estadío más, que es un momento, como todos los que vivimos minuto a minuto. Pasan. Empiezan, se desarrollan y terminan. Creo que lo que los hace dolorosos es el deseo de que sean eternos, porque es forzado, es imposible y sabiamente son así, porque si lo fuesen, sería muy aburrido todo.


Y ahí salió la primer sonrisa, porque el truco está en sacarle peso.

Pero me duró ese renglón, asi que lo voy a hacer, voy a saltear un recuerdo.

Reviso en mis memorias y me cuesta separar el inicio de las historias con los finales. Es como si no pudiera relatar aquellos momentos de magia porque sé cuáles fueron los ultimos capitulos. Pero para eso estos ejercicios ¿no?.


Fui a ver a un amigo músico a un show. Sola. Me gusta salir sola. Siempre me gustó.

Me senté en las butacas del medio del teatro y durante toda la función no pude dejar de mirarlo. No a mi amigo sino al músico de al lado.

Alguna vez me lo había cruzado en ambientes compartidos. Dicen que el mundo es un pañuelo y todo eso, pero creo que no nos cruzamos con la gente por casualidad. Podemos ver a una persona por la calle y no verla nunca más en nuestra vida o cruzarte sin querer con una misma persona muchas veces en diferentes partes del mundo. Creo que por algo nos acercamos a quienes nos acercamos. Queriendo y sin querer. Y por alguna razón me lo había cruzado varias veces. Lo reconocía. Sabía que había estado cerca. Y le presté atención. Ese día puntualmente le presté más atención.

Terminó el show, saludé a mi amigo y nos presentaron. Cuando nos vimos nos dimos cuenta que ya nos habíamos visto. No era una sensación mía solamente.

Surgió la propuesta de ir a tomar algo y yo deseaba que él también se sume pero no podía expresarlo, era muy pronto para decir: Venís vos también ¿no? porque te quiero seguir mirando de cerca , charlar con vos y que nos riamos un rato. Podía ser un montón. Pero no hizo falta. Vino.

Hay un estado al que le llamo “encendida”; ese momento en el que todas mis antenas están ahí, atentas a cada palabra, a cada mirada, a cada movimiento que el otro hace, dispuesta a responder con algún chiste, comentario, gesto, lo que sea para que sepa que estoy ahí. Conectada.

Esa noche estaba encendida. Prendido fuego de hecho. Tanto así que el humo nublaba el entorno; prácticamente no veía quienes estaban sentados en la misma mesa. Solo lo veía a él. Como si los costados a su imagen se hubieran disuelto.


Se acercaba el final del encuentro y ahora sí me expresé:

- Bueno, me vas a llevar a mi casa o que? - le dije.

Eso sí que fue un montón. Le estoy viendo la cara como si estuviera pasando ahora mismo: desconcertado, confundido, halagado, asustado, desprevenido. No quise retroceder. Se vino toda una explicación de que tenía novia y cosas que sinceramente, en ese momento no escuché. No quería más nada que subirme a esa motito celeste, tener una excelente excusa para abrazarlo y que el viento nos pegue un rato en la cara.

Venía de otra historia que si hubiera tenido que hacer esta consigna en ese momento, la hubiera salteado, pero esa noche, estaba anestesiada. Había vuelto a sonreír genuinamente, había hecho foco, había salido de mí para estar en otro mundo nuevo. Mis sentidos se pusieron a descansar en su sonrisa, en sus palabras, en su paseo en moto, en su música.

No había promesas, solo deseos de volvernos a encontrar.


Y ya no importa lo que pasó después. Importa que lo viví, que ese día me enamoré y que visito esa historia y sonrío. Y me recuerda que “esto también pasará”.


Fecha: 23/11

Hora de comienzo: 12.33

Tiempo de escritura:13.08

Palabras:921




Comentarios


Tu opinión / sugerencia es bienvenida

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Malena Rossi

bottom of page