top of page

DÍA 6 · PESADILLA

  • 19 nov 2023
  • 2 min de lectura

Consigna: Pesadilla. Escribí tu pesadilla recurrente


Estoy parada en la puerta de mi casa, en el umbral, donde también me gusta sentarme a tomar mate. Donde cuando era chica nos sentábamos con mi viejo; yo en el umbral y él en la banqueta de caño de la cocina y comíamos rollitos de queso de máquina con dulce de leche, como le había enseñado alguna vez un amigo.

Parada ahí, donde me gusta tanto ver pasar la vida, traducida en vecinos, carritos de

nuevos bebés, niños con sus bicis rápidas, como la mía azul cuando era chica.

Parada en el umbral de mi casa de toda la vida que da a la callecita al lado del boulevard que tiene algunos arbolitos, frente al jardín de infantes.

Muchas veces miré ese boulevard y esa calle pensando “¿Cuándo me van a dejar ir

hasta aquella esquina sola?”. Ir a comprar a Julio, el almacén de aquella esquina a lo lejos,

era toda una aventura. Me sentía grande por poder ir hasta ahí sola.

Desde la puerta de mi casa se puede ver la canchita, que antes era de tierra y ahora

es de cemento con unos caminitos al lado y unos banquitos hechos de ladrillos grises para

que mientras algunos juegan, otros tomen mate, miren, charles o esperen ahí.

Los días nublados, el mismo paisaje de arbolitos, canchitas y bulevares, se volvía gris, casi en dos dimensiones, como si estuviera pintado. Y a la noche, donde siempre tuve la sensación de peligro pero hermosura al mismo tiempo, es cuando todo se volvía de cartón.

Las hojas de los árboles toman colores verde extraño, la profundidad de la distancia que hay hasta la esquina de Julio, se achata. Las entradas a las calles que rodean el boulevard, se vuelven infinitas, como si el decorado se acabara ahí.

Es de noche, desde el umbral, me acerco a la reja, que está a unos cinco pasos de la puerta de entrada y me asomo a la vereda. Miro a mi derecha y a lo lejos veo que, en la oscuridad, algo comienza a cambiar en el cielo, como si se moviera. No puedo distinguir qué es, pero algo está pasando. Achico los ojos, como si pudiera afilar la vista y me concentro en darle forma a eso que no para de moverse. Como por instinto doy un paso atrás porque, aunque no sé lo que sucede, siento que tengo que estar preparada para escapar, por si no es algo bueno.

No dejo de mirar hasta que distingo una línea blanca irregular que sigue subiendo por el cielo y siento un viento fuerte en la cara acompañado de un rocío fresco. El sonido aumenta, como un soplido que va subiendo la intensidad y ya no me hace falta achicar los ojos porque la ola está enfrente mío y nunca tengo tiempo de correr.


Fecha: 19/11/23

Hora de comienzo:15:59 / 16:13

Tiempo de escritura:14 min

Palabras: 469




Comentarios


Tu opinión / sugerencia es bienvenida

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Malena Rossi

bottom of page