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DÌA 20 · LUGAR QUE AMAS

  • 13 dic 2023
  • 3 min de lectura

Escribí acerca de un lugar que amás

Natalie Goldberg propone: “Visualizá un lugar que amás, situate ahí, recordá los detalles. Ahora describilo. Puede ser un rincón de tu dormitorio, un árbol bajo el que te sentaste un verano, una mesa en el McDonald’s de tu barrio, la orilla de un río. ¿Qué colores, olores, sonidos hay? Cuando otra persona lo lea debería saber qué se siente estar ahí. Debería sentir cómo amás ese lugar, no porque digas que lo amás, sino por cómo mostrás los detalles”.


Solo había tres habitaciones. Así era la configuración original de todas las casas de este barrio de “casitas iguales pero espejadas”.

En mi infancia empezaba a ser más habitual ser hijo o hija de padres separados, y yo era una de ellas, por eso, con mucho esfuerzo y a mis doce años aproximadamente, llegó esa cuarta habitación. Diferente a las otras, quizás como su uso. Para acceder hay que subir un pequeño escalón donde ya se puede ver el piso de cerámica marrón, que que extiende hasta el pasillo que une las cuatro habitaciones con “el biorsi”, como dice la puerta pintada a mano en aquella época cuando estudiaba fileteo porteño.

Dos de las habitaciones mantienen el piso gris con vetas negritas de ese material plástico que nunca recordarè el nombre, mientras que mi habitación “original” tiene cerámicas grises, diferentes a las otras tres habitaciones.

Las ventanas de mi “nueva” habitación y las de mi habitación “original” dan al patio trasero, que está en la planta baja junto con el living, la cocina, el comedor y el garage delantero. 

Aunque desde las dos habitaciones puede verse el mismo patio, con el mismo limonero y las mismas medianeras con los mismos vecinos, mi habitación “original” tiene ese, qué sé yo, viste?

Quizás sea porque en el vidrio derecho de esta ventana sigue pegado el sticker de  “Shoppilandia” con la imagen del conejo y el arcoiris que sale de su galera. Quizás porque alguna vez escuche decir a mi viejos “la habitación de Male es la más grande"  (antes de que existiera la “nueva”,que igualmente no puso en riesgo esa característica).

Quizás porque esta ventana está más alineada con los techos de los vecinos de “aca a la vuelta” que tienen el mismo tipo de casa, solo que de una sola planta, entonces puedo ver mejor ese corredor imaginario.

Quizás porque de chica soñaba salir por esta ventana, y empezar a correr  para después volar sobre esos techos y los árboles del medio de la manzana. 

Quizás porque la puerta de esta habitación da derecho a la que era de mi mamá y eso me hacía sentir segura. 

Quizás porque desde acá siempre miré la luna y cada vez que me voy, esté donde esté, mirar la luna me trae acá de vuelta. 

Quizás porque aunque ahora ya no esté, en esta habitación estaba el espejo vertical pegado a la primera puerta del placard, que me demostró que existía algo más del otro lado.

Me mudé muchas veces ( ya no pongo el numero porque pasan los relatos y creo que ya estoy confundida y tendría que volver a enumerarlas, pero son más de veinte en quince años) y todas las veces que vuelvo y me asomo por esta ventana, por un instante, solo por unos segundos, entiendo todo y el mundo hace click.



Nota para el lector posterior a la lectura de la consiga:

Parece una locura porque  minutos antes de decidirme a escribir y descubrir la consiga - que no la leo hasta el momento exacto de sentarme a escribir  para no condicionarse - dije en mi cabeza: ¡Cómo amo este lugar !- refiriéndome a mi casa de la infancia, donde estoy viviendo ahora. Ya les dije que no creo en las casualidades no?


Fecha: 13/12

Hora de comienzo: 1.06

Tiempo de escritura: 36min

Palabras: 467






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